Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos ! (Mt 28,19)

Lema de la JMJ - Rio 2013

Quienes somos
Nuestro carisma

1. Espiritualidad Ignaciana

Nuestro Carisma

Una espiritualidad es una forma particular de seguimiento de Jesús. A lo largo de la historia de la Iglesia, Dios nos ha regalado distintas espiritualidades que han surgido de la vida y experiencia de grandes santos. Nuestra espiritualidad surge del camino de fe y seguimiento del Señor que realizó San Ignacio de Loyola. Es una espiritualidad reconocida como un verdadero don de Dios para la Iglesia al servicio de todos los cristianos.

En los Ejercicios Espirituales, fuente de la Espiritualidad Ignaciana, encontramos plasmada la profunda experiencia espiritual que San Ignacio vivió y que lo impulsó a buscar y hallar la voluntad de Dios para su vida. San Ignacio entendió que su experiencia era un don de Dios para toda la Iglesia.

Los jesuitas y tantos otros que han hecho los Ejercicios Espirituales, podemos decir y dar testimonio que Dios nos ha hablado personalmente y que nos impulsa a seguir a Cristo de una manera particular, siempre radical, siempre en Iglesia y siempre en amor y servicio, único camino para la plenitud del ser humano.

2. Espiritualidad Ignaciana

Nuestro Carisma

La Espiritualidad Ignaciana es un camino para la oración, para tomar decisiones, para acercarnos de un modo particular a Dios, para conocer, amar y seguir a Jesucristo. Es una espiritualidad práctica y optimista que responde a las necesidades de nuestra época.

Ella nos enseña a reconocer a Dios presente en el mundo, trabajando activamente por el bien de todos, aún en los lugares más oscuros de la humanidad. Es una espiritualidad que nos hace sensibles al llamado del Padre que nos invita a trabajar con Él y que nos involucra en la misión redentora de Cristo y vivificante del Espíritu.

Nos ayuda a conocer los signos que nos permiten discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas: podemos aprender a reconocer cuáles son los deseos, pensamientos, planes, invitaciones que nos acercan a Dios y nos marcan un buen camino, y cuáles, por el contrario son aquellos que nos alejan de Dios y opacan nuestra vida.

Es una espiritualidad que nos invita a caminar humildemente para vivir en amistad con Dios; nos lleva a descubrir nuestra propia libertad y nos impulsa a jugarnos por el amor. No se trata solamente de elegir lo que nos permita amar y servir a Dios y a los hermanos, sino aquello que más nos ayude a hacerlo. Ese “más” (MAGIS) no es solo un detalle, en ese “más” se fragua el corazón que quiere amar a Cristo como Él nos amó primero.

Además de conocer los Ejercicios Espirituales, leer la vida de San Ignacio te ayudará a entender cómo nuestro santo fundador, descubrió este camino de seguimiento de Jesús y cómo Dios lo condujo a lo largo de su vida.

3. Características de la Espiritualidad Ignaciana

Nuestro Carisma

Tal vez te ayude leer los siguientes puntos para seguir conociendo nuestra espiritualidad.

1. Buscar ordenar la propia vida: que los sentidos, los afectos, la memoria, el entendimiento y la voluntad estén ordenados a Dios. Es decir que se ordenen al amor, a la libertad, a la plenitud y, en todo ello, a buscar amar y servir a Dios trabajando por el bien de los hermanos. San Ignacio nos invitará a pedir a Dios que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones estén puramente dirigidas a su mayor servicio y alabanza.

2. Buscar y hallar la voluntad de Dios para mi vida. Eso implica aprender a discernir los diversos movimientos interiores que experimentamos. Para que conociendo aquellos que vienen de Dios, seguirlos; y, conociendo aquellos que nos alejan de Dios, rechazarlos. Dios tiene una misión para cada uno de nosotros y, con su gracia, podemos conocerla y vivirla.

3. Buscar en nuestra vida, mediante la oración y la acción, la gracia de identificarnos con Cristo, tener los mismos sentimientos que Cristo tuvo. Buscar vivir como lo haría Cristo si estuviese en nuestro lugar. Por eso también San Ignacio nos invita a pedir la gracia de conocer a Jesús internamente, para que conociéndolo le amemos y amándole lo sigamos.

4. Características de la Espiritualidad Ignaciana

Nuestro Carisma

4. Ensanchar el corazón hacia las dimensiones del universo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables. Queremos amar al mundo entero, como lo ama Dios, pero eso implica amar y servir en la realidad en la que estamos presentes. El amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras.

5. Reconocer cómo Dios me ama, y está presente en el mundo trabajando por el bien de todos. Reconocer, también, todo bien recibido, para que enteramente reconociéndolo podamos en todo amar y servir a Dios.

6. Amar a Cristo y a su Iglesia inseparablemente. No podemos seguir a Cristo a medias. Quien quiera amar a Cristo tiene que amar a la Iglesia que es su Cuerpo. La vida sacramental, fortalecida en la Eucaristía y la Reconciliación, es fundamental para vivir en el amor del Señor, asumiendo la misión de la Iglesia.

7. Conocer mi realidad lo mejor posible, sin engañarme, examinándome periódicamente, tanto en lo positivo para acogerlo y darle las gracias a Dios, como en lo negativo para pedir perdón y superarlo con su ayuda.

5. Características de la Espiritualidad Ignaciana

Nuestro Carisma

8. Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar mi realidad para hacerla más acorde con el Evangelio de Jesucristo.

9. Ser contemplativo en la acción, buscando encontrar y amar a Dios en todo lo creado, y unirme a El en todo lo que hago.

10. El acompañamiento espiritual será una ayuda fundamental para confrontar mi vida y mis deseos, para descubrir los llamados de Dios, y para vivir con paz mi camino que siempre es un proceso de crecimiento.

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